
Toda historia comienza con una ausencia.
Alguien espera una llamada que no llega. Una mujer quiere abandonar su matrimonio. Un hombre necesita recuperar algo que perdió hace veinte años. Un niño busca una respuesta que los adultos se niegan a darle.
Todavía no sabemos qué va a ocurrir, pero algo ya está en movimiento.
Un personaje quiere algo y existe una razón por la que no puede conseguirlo.
En esa sencilla tensión, aparentemente insignificante, se encuentra uno de los motores más poderosos de la literatura: el deseo.
El deseo: una estrella que ha desaparecido
La palabra deseo proviene del latín desiderium, relacionado con desiderare. Existe una interpretación etimológica, tan sugerente como discutida, que vincula este término con sidus, es decir, estrella o constelación.
Según esa imagen, desear sería algo parecido a descubrir que ha desaparecido la estrella que nos permitía orientarnos.
Para quien escribe, la metáfora resulta extraordinaria.
Un personaje que desea algo es, de alguna manera, alguien que ha perdido su estrella. Sabe que le falta algo, aunque no siempre sea capaz de identificarlo. Y esa ausencia lo obliga a moverse.
Porque el deseo tiene una característica fundamental: no nace de lo que tenemos, sino de aquello que sentimos que nos falta.
¿Por qué el deseo es tan importante para contar una historia?
Imaginemos una escena.
Marta ha perdido su trabajo.
Es una situación. Puede resultar interesante, triste o preocupante. Pero todavía no tenemos suficientes elementos para construir una historia.
Ahora agreguemos algunos detalles.
Marta necesita conseguir otro empleo antes del viernes porque debe pagar la renta. Además, no quiere que su madre descubra que la despidieron.
De pronto, todo cambia.
Tenemos a un personaje que quiere algo, un plazo para conseguirlo y una serie de obstáculos que deberá enfrentar. Cada decisión puede acercarla a su objetivo o complicarle todavía más la vida.
El lector empieza a hacerse preguntas.
¿Conseguirá el trabajo? ¿Mentirá para ocultar su situación? ¿Hasta dónde estará dispuesta a llegar? ¿Qué ocurrirá si su madre descubre la verdad?
Hemos pasado de describir una circunstancia a construir una historia.
Podemos expresarlo mediante una fórmula elemental:
Personaje + deseo + obstáculo = historia.
Desde luego, la literatura es mucho más compleja que una operación matemática. Pero esta fórmula nos ayuda a identificar una de sus fuerzas esenciales.
El deseo convierte a un personaje en alguien capaz de tomar decisiones. El obstáculo hace que esas decisiones tengan consecuencias.
Querer algo no significa disfrutarlo
Existe otra peculiaridad del deseo que la literatura ha explorado desde mucho antes de que la neurociencia comenzara a estudiarla: no siempre disfrutamos aquello que tanto queríamos conseguir.
Las investigaciones de los neurocientíficos Kent Berridge y Terry Robinson permiten distinguir entre los mecanismos asociados a querer una recompensa y los relacionados con disfrutarla.
Aunque interactúan, no son exactamente lo mismo.
Esto explica, al menos en parte, una paradoja de la experiencia humana: podemos perseguir algo con enorme intensidad y descubrir que, al conseguirlo, no nos produce la felicidad esperada.
En literatura, esa contradicción es una mina de oro.
Un personaje puede pasar años intentando hacerse rico y descubrir que lo que necesitaba era reconocimiento. Otro puede buscar desesperadamente el amor de alguien y advertir, cuando finalmente lo consigue, que ha perdido su libertad.
La búsqueda nos cambia. Y a veces, cuando alcanzamos lo que deseábamos, ya no somos la persona que inició el camino.
Las seis características del deseo narrativo
Para reconocer el deseo como recurso literario, conviene observar seis características.
1. Se dirige hacia algo
El personaje necesita un objetivo, aunque este sea ambiguo: escapar, recuperar, conquistar, descubrir, pertenecer o comprender.
2. Nace de una carencia
El deseo aparece porque existe una distancia entre la realidad del personaje y aquello que imagina para sí mismo.
3. Puede cambiar
Los personajes no siempre terminan queriendo lo mismo que buscaban al principio. Esa evolución suele ser una de las claves de su desarrollo.
4. Puede contradecirse
Queremos amor y libertad. Seguridad y aventura. Reconocimiento y anonimato.
Los personajes que experimentan deseos contradictorios suelen resultar más interesantes porque se parecen más a nosotros.
5. Necesita resistencia
Si alguien desea algo y lo consigue inmediatamente, la historia difícilmente tendrá oportunidad de crecer.
El obstáculo obliga al personaje a actuar, equivocarse, insistir o renunciar.
6. Se manifiesta mediante acciones
Un personaje puede negar sus sentimientos, mentir acerca de sus intenciones o engañarse a sí mismo.
Pero sus decisiones revelan lo que realmente le importa.
Cinco novelas que nos enseñan a escribir el deseo
Buena parte de la literatura universal podría leerse como una historia de deseos difíciles, contradictorios o imposibles.
En Madame Bovary, de Gustave Flaubert, Emma anhela una vida semejante a la que ha conocido en sus lecturas. La distancia entre su realidad y sus fantasías alimenta buena parte de la tragedia.
En Ana Karenina, de León Tolstói, el deseo individual entra en conflicto con las convenciones sociales y familiares.
En Cumbres borrascosas, de Emily Brontë, el vínculo entre Catherine y Heathcliff adquiere una intensidad que termina convirtiéndose en obsesión y destrucción.
En Lolita, de Vladimir Nabokov, el narrador manipula el lenguaje para justificar una conducta abusiva. La novela exige distinguir entre lo que cuenta el personaje y el juicio crítico que merece su comportamiento.
Y en El amor en los tiempos del cólera, de Gabriel García Márquez, la espera de Florentino Ariza se prolonga durante décadas, mostrando cómo el deseo puede alimentar tanto una ilusión como una obsesión.
Son libros profundamente distintos, pero todos permiten observar lo que sucede cuando aquello que alguien quiere entra en conflicto con el mundo, con otras personas o consigo mismo.
Antes de escribir, hazte una pregunta
Cuando comiences un cuento o una novela, intenta completar esta frase:
Mi personaje quiere __________, pero __________ se lo impide.
No necesitas conocer todavía todos los acontecimientos. Ni siquiera hace falta que tengas resuelto el desenlace.
Lo importante es descubrir qué le falta a ese personaje y qué está dispuesto a hacer para conseguirlo.
Porque una historia no empieza necesariamente cuando sucede algo extraordinario.
A veces comienza cuando alguien mira una puerta cerrada y decide que tiene que encontrar la manera de abrirla.
Continúa leyendo
Ya sabemos por qué el deseo es fundamental para construir una historia. Pero ¿cómo hacer que el lector lo perciba sin tener que explicarlo?
En la segunda entrega, Cómo escribir el deseo sin nombrarlo, exploraremos técnicas para convertir los gestos, los objetos, el silencio y la espera en herramientas narrativas.
Roedor de Lencería · Lecturas, escritura y ese extraño oficio de inventar vidas.










